Semana 05 (23/03-27/03): Relaciones
¡Hola a todos! Soy Marta Delgado Macías y continúo realizando mis prácticas en el CEIP La Candelaria. Aprovecho esta nueva entrada para compartir con vosotros mis reflexiones sobre esta semana. En esta ocasión, voy a centrar mi análisis en las relaciones existentes dentro del equipo de trabajo y en el clima de convivencia de nuestra comunidad educativa.
Para entender estas dinámicas, es imprescindible enmarcar nuestra labor en su contexto: el colegio se ubica en la zona de Amate, un entorno con un nivel socioeconómico bajo y diversas problemáticas sociales. Esta realidad nos exige funcionar como una verdadera Comunidad de Aprendizaje. Por ello, la intervención educativa trasciende a los maestros e incluye una red multidisciplinar en la que participamos estudiantes en prácticas (de Educación Primaria, de Pedagogía e Integración Social), entidades como Save the Children y una cifra récord de 27 personas voluntarias este curso.
El claustro docente
El núcleo educativo lo conforman 15 maestros con una media de edad joven (en torno a los 35 años). El clima profesional destaca por su alta implicación y compromiso, aunque la complejidad de la acción tutorial en este entorno puede, en ocasiones, generar desgaste o desmotivación.A nivel organizativo, existe una jerarquía formal necesaria para el funcionamiento del centro (Equipo Directivo, coordinadores de ciclo y tutores). Sin embargo, en la práctica diaria, el modelo de toma de decisiones es bastante horizontal y colaborativo. Las propuestas de los estudiantes en prácticas y del voluntariado son escuchadas y valoradas, haciéndonos sentir parte activa del equipo. En mi caso personal, el apoyo y la cercanía de Elisa es fundamental para hacerme sentir parte activa del equipo.
Relación con las familias y convivencia escolar
Aunque los representantes familiares valoran positivamente su relación con el profesorado, el equipo docente detecta áreas de mejora importantes. Se echa en falta una mayor proactividad por parte de las familias para acudir a las tutorías y realizar un seguimiento del aprendizaje, sin esperar a ser citados por el centro. Asimismo, resulta esencial una mayor cooperación desde el hogar para reforzar valores básicos (respeto, responsabilidad, tolerancia) que se trabajan de manera transversal en el aula, así como el trabajo conjunto con Servicios Sociales para temas vitales como el comedor escolar, la higiene o la prevención del absentismo.
Por otro lado, el clima de convivencia entre el alumnado es estable, aunque requiere una atención continua. Los conflictos suelen emerger durante los periodos de recreo (mediante faltas de respeto, uso de motes o disputas puntuales). Dentro del aula, el principal reto es gestionar la disrupción de ciertos alumnos, lo cual interrumpe el ritmo de enseñanza y dificulta la atención a la gran diversidad de niveles curriculares existentes.
Dificultades organizativas y mecanismos de resolución
A los retos de convivencia se suma una de las mayores debilidades institucionales del centro: la inestabilidad de la plantilla docente. La constante rotación anual de maestros dificulta la continuidad de los proyectos y obliga a reconstruir la coordinación pedagógica cada inicio de curso.
Para solventar estas barreras, el centro implementa mecanismos basados en la comunicación fluida y el trabajo en equipo. Las reuniones sistemáticas de ciclo son el espacio clave para unificar criterios. Además, la aplicación de modelos pedagógicos inclusivos, como los grupos interactivos en los que colaboro junto a los voluntarios, resulta vital para flexibilizar la atención a la diversidad.
A modo de conclusión, esta semana me ha servido para constatar que la docencia exige una inmensa capacidad de coordinación sistémica. Atendiendo a la propuesta de la universidad, mi objetivo a corto plazo es dar un paso más en mi desarrollo profesional y comenzar a liderar propuestas didácticas en el aula.
Os deseo a todos una fructífera semana de aprendizajes. ¡Un saludo!
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